viernes, 26 de mayo de 2017

Así funciona la desinformación en internet




La paradoja de la Sociedad de la Información es que por ella circula una gran cantidad de desinformación. Tal es así que en el último Foro Económico Mundial, celebrado en Londres en enero de 2017, se ha incluido la desinformación digital entre los principales riesgos mundiales del futuro. Las otras amenazas son la crisis del agua, los principales fracasos financieros y la falta de adaptación al cambio climático. Un buen ejemplo de cómo se ha retrocedido son las campañas electorales de Obama en 2008, elogiada por el buen uso de las redes sociales y las nuevas tecnologías; y la de Trump en 2016, rodeada de espías, mentiras, ciberataques de otros países y muchos ejemplos de desinformación.

Con casi toda seguridad ustedes habrán escuchado el término posverdad, del que se empezó a hablar tras el Brexit y las elecciones de Estados Unidos en 2016. Se trata de una de las maneras de desinformación que utilizan en la red las élites políticas y otros líderes de opinión que se encargan de transmitir mentiras de forma descarada, como una táctica de enfocar la relación con los ciudadanos en la que lo que se dice, se mantiene y reafirma una noticia, aunque pueda ser absolutamente mentira, sin que eso tenga apena reproche por parte de la opinión pública. 



Una de las más conocidas fue que el Papa Francisco apoyaba a Donald Trump como candidato a la presidencia de Estados Unidos. La misma no era cierta, se inventó desde uno de los medios afines al actual presidente, el portal de noticias WTOE 5 News (ya desaparecido), pero no así su rastro de noticias falsas en internet. Basta con que pongan en Google el nombre de este portal y pope Francis y las encontrarán. Incluso la misma palabra posverdad es una posverdad a mi modo de ver. Ya existen palabras en el diccionario para llamar a esto: mentir, falsear, embaucar, adulterar, engañar, timar.

The Onion es una cuenta de Twitter que más contribuye a difundir las mentiras de Trump


A pesar de eso dio igual. La sociedad postmoderna ha perdido todo tipo de valores y no sabe buscar referentes objetivos para saber discernir la verdad de la mentira, y no me gustaría que se confundiera está afirmación con el ejemplo de la noticia del Papa. Mañana se produce un hecho basado en la posverdad en la china comunista, por ejemplo que se convocan elecciones libres en tres meses, y la masa se lo creería igual. Noticia de apertura en muchos medios, Twitter al rojo vivo y guerra de pro y anti comunistas.




Pero más más allá de la posverdad, ¿qué lleva a un ciudadano normal a difundir información falsa por las redes sociales? Una de las primeras causas es que vivimos en una sociedad infoxicada (intoxicada de información), y diferenciar verdad de mentira es cada vez más complejo, además que exige un esfuerzo que los usuarios de las redes sociales no parecen dispuestos a realizar. De tal manera que pocos usuarios se toman un mínimo es fuerzo en comprobar si algo puede ser verdadero o falso, y en por consiguiente se difunden, sin ningún rubor, mensajes de este tipo en Facebook o Twitter: “el cáncer no es una enfermedad”, “No vacune a sus hijos, las multinacionales farmacéuticas le engañan” o atención: todas las cuentas de Facebook están siendo duplicadas”.

Sin embargo este comportamiento se realiza por varios motivos, según Walter Quattrociocchi, jefe del Laboratorio de Ciencias de la Computación Social del IMT, uno de los estudiosos del fenómeno de la desinformación. Por una parte, las redes sociales son un entorno lleno de información sin control donde todo el mundo puede producir o encontrar información coherente con su propio sistema de creencias, aunque cueste creerlo a la vista de lo que se comparte o retuitea.

Quattrociocchi encontró en su investigación otra causa: el analfabetismo funcional, que es la incapacidad de comprender un texto básico. Suele darse en personas que huyen de todo aquello que requiera un esfuerzo mental mínimo, como el aprendizaje, el análisis o el estudio, lo que favorece caer en la posverdad, la difusión de noticias falsas y no saber discernir realidad de falsedad. Según datos de la OCDE, el alfabetismo funcional afecta en Europa a uno de cada cinco individuos de entre 15 y 65 años.

Por otra parte, el comportamiento en la red, en especial en las redes sociales, es similar a la difusión de los rumores de toda la vida. Una vez que el mismo se distribuye por internet es casi imposible detenerlo porque las personas tienden a resistirse a los hechos que cuestionan sus creencias, según explica Anne Mintz en su libro Web del Engaño. Los psicólogos han estudiado este fenómeno y descubrieron que la gente trata de evitar conflictos psicológicos, algo que se llama disonancia cognitiva”, según explica Mintz, de tal manera que “en vez de actualizar sus creencias con los datos correctos, las personas tienden a buscar información que confirme sus creencias, la aceptan sin cuestionarla, y en cambio evitan la información que es inconsistente con sus visiones y la menosprecian”.

Esta disonancia cognitiva es lo que le lleva a usted a compartir determinadas noticias, verdaderas o no, para quedar bien con el grupo de amigos de las redes. Esto también se denomina “cámara de eco” y se trata de evitar quedar aislado en ellas. Por eso mismo le dan a “me gusta” en una foto de un amigo, un comentario, sea gracioso o no, o personas relevantes en comunidades pequeñas tienen 1.500 o 2.000 amigos en Facebook o más, para reírles sus gracias y fomentar su “cámara de eco”.

Finalmente, otra forma de desinformación es la llamada “burbuja de filtros” que nos obstaculiza el acceso a esa información que podría desafiar o ampliar nuestra visión del mundo. El término fue acuñado por el activista Eli Pariser, autor del libro “The Filter Bubble: What the Internet is Hiding from you”, y trata de cuantificar cómo el monopolio de Google, en tanto en cuanto es el buscador más usado, está afectando a la manera en que recibimos la información de Internet. En España, por ejemplo, el 94% de las búsquedas se realizan con este buscador.

Lo que sucede ahora es que Google, Amazon cuando nos recomienda productos, o la experiencia que ofrece Facebook de relacionarnos solamente con gente afín por medio de algoritmos cada vez más complejos, nos lleva a una experiencia personalizada que nos aísla de personas con otra forma de pensar y nos crea un universo a medida, también en el ámbito de la información. Según Eli Parser, nuestra “burbuja de filtro” no permite abarcar la complejidad de información que existe en la red de una forma transparente. Se centra en lo que “nos gusta” conocer y deja fuera lo que quizá nos “convendría” saber.

Si desea ver cómo funciona la desinformación en internet le recomiendo esta herramienta de la Universidad de Indiana http://hoaxy.iuni.iu.edu. Todavía funciona en versión beta pero traza con precisión qué noticias son falsas, de qué fuentes provienen y cómo se difunden por la red.






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