sábado, 12 de noviembre de 2016

Teruel, ¿ciudad inteligente?



Recientemente el Ayuntamiento de Teruel anunció la puesta en marcha del programa EDUSI que incluye una serie de medidas de carácter tecnológico y en cierto modo innovador: sistema inteligente de acceso al tráfico al centro de la ciudad, uso de las TIC para el riego del Parque de Los Fueros, Wifi en algunos barrios pedáneos, mejora de la página web municipal y telegestión del alumbrado público básicamente.

La pregunta clave es: ¿pueden estar los conceptos Teruel y ciudad inteligente en la misma frase sin que se rompa el sistema? A la vista de los antecedentes tengo mis dudas. El proyecto Teruel Ciudad Digital apenas ha dejado resultados para los ciudadanos diez años después de su puesta marcha. En la actualidad ni siquiera se pueden comprobar cómo están los numerosos portales que se crearon en su momento, no queda ni rastro de ellos. Google apenas ofrece algunas noticias de políticos explicando un plan que pudo ser y no fue. Una inversión de 6 millones de euros pésimamente gestionada. Por otra parte, la fuente de la Plaza de San Juan funciona con un ordenador que está, o estaba, instalado en el Ayuntamiento. A los hechos me remito: casi sin agua, y ni luz, ni música, ni olores manan de ella.



Así pues cuando ahora se vuelve hablar de proyectos tecnológicos para la ciudad y de cifras de cierta importancia, las destinadas a este apartado superan el millón de euros, tengo una sensación y algunas certezas. Respecto a la primera, es que las cifras económicas de las diferentes líneas de actuación y otros datos se han hecho de forma improvisada. Por ejemplo, se habla en el programa de un ahorro de 1,8 millones de metros cúbicos gracias a un uso eficiente del agua en el parque de Los Fueros, ¡ni más ni menos que 720 piscinas olímpicas! Por favor, que alguien cierre un grifo ya sin esperar a implantar EDUSI.

Respecto a las certezas, en el caso de que se lleguen a poner en marcha algunas de las medidas de tipo tecnológico, sí que supondrán mejoras para Teruel, pero no la van a convertir en una Smart City o ciudad inteligente como he escuchado mencionar a algún responsable político, o figura de tal manera en la web de la sociedad municipal Urban. La mera suma de algunos avances que incorporan tecnología no lleva aparejada esta consecuencia.

En la actualidad se está en pleno debate en diferentes foros mundiales en definir lo que es una ciudad inteligente y qué papel deben jugar los dos elementos básicos que se relacionan en ella, la tecnología y los ciudadanos. Esta será una de las cuestiones que se debatirán en uno de los foros más importantes que sobre este tema que se celebra este mes de noviembre, el Smart City Expo World Congress  que tiene lugar en Barcelona.

Cuando se habla de una Smart City no se debe pensar en una ciudad futurista de película de ciencia ficción, sino de un entorno que aprovecha las nuevas tecnologías para mejorar la vida de los habitantes de esa capital, independientemente de su tamaño, pero contando con ellos y con su participación, como defiende uno de los mayores expertos en esta materia, el urbanista Dan Hill. Es cierto que la carga de tecnología de estas ciudades es muy alta para que los proyectos se puedan ser puestos en marcha, pero solamente el software no va a mejorar los problemas de la gente.

Para que sea eficaz una Smart City se deben conocer los problemas de las personas que habitan las ciudades y fijar las prioridades que se deben solucionar en función de un plan global de mejora de la ciudad, no de acciones aisladas.

Es aquí donde sí entra un elemento nuevo que rompe con los esquemas tradicionales. Ahora no hace falta hacer encuestas para saber lo que opina la gente, basta con procesa toda la información que damos cada día al mundo: redes sociales, Whatsapp, correos electrónicos, pagos con tarjetas, geolocalización gracias al móvil, etc. Millones y millones de datos que procedentes en su mayoría del teléfono móvil (que aprovecho para recordar que ahora se llama inteligente) que bien tratados de forma conjunta arrojan mucha información.

¿Y cómo se procesan esos datos? Con un concepto que seguramente les sonará: el Big Data, la capacidad de gestionar grandes cantidades de datos para sacar información útil y que mejore la sociedad. En el caso de una ciudad inteligente basta con marcar los objetivos y trabajar sobre ellos con honestidad.

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