miércoles, 5 de agosto de 2015

“Mamá, soy un youtuber”. Las personas que viven de colgar contenido en Youtube aumentan



Ilustración: Marta Ballester

Internet se asocia a muchos tópicos en el imaginario popular, y sin duda uno de ellos es con ganar dinero de forma fácil. Sin duda, noticias de que pequeñas empresas creadas “entre cuatro” en un garaje y vendidas después por cientos o miles de millones de dólares han fomentado esta imagen. Pues bien, nada más lejos de la realidad puesto que quien logra ingresos por medio de la red lo hace gracias a una idea de éxito, con mucho tesón y esfuerzo. Internet en este caso es solamente el medio, sin ideas y originalidad es muy difícil vivir de ella, ¿o sí?

Puede que el fenómeno que más se acerque a esta forma de percibir internet por parte de los profanos sean los youtubers, aunque esta nueva profesión derivada del auge de la red también exige muchas horas de trabajo, por lo que el cuento de La Lechera se termina pronto.

¿Pero quiénes son y a qué se dedican? Se trata de aquellas personas -por lo general jóvenes- que comparten vídeos de elaboración propia en los que aparecen narrando algo interesante para un público concreto que les sigue de forma fiel.



Hay comunicadores en este medio que viven de hacer sus propios videos y subirlos a Youtube con todo tipo de temas: cómo jugar a un videojuego, actualidad, música, moda, belleza, cocina, tutoriales de programas informáticos, ciberarte, cine, etc. Una parte de este fenómeno viene propiciado por la fuerza de Youtube, una de las webs con mayor tráfico mundial, siempre en el triunvirato de las más visitadas junto con Google y Facebook, y por su dimensión de red social.


La mayoría de estos editores de contenido son blogeros, gamers (aficionados a los juegos) y expertos y críticos en alguna de las especialidades mencionadas, nativos digitales que han mamado internet prácticamente desde la cuna y que han vivido con los productos audiovisuales como si de un hermano más se tratara.


No se debe confundir esta forma de elaborar videos con los 15 minutos de gloria virales que a través de esta plataforma de Google han tenido nombres como Justin Beaber, antes de ser un fenómeno mediático; Park Jae-Sang, con su conocido y pesadísimo videoclip Gangnam Style (el primer vídeo que pasado de los 1.000 millones de visitas, que se dice pronto) o el recordado “Amo a Laura”, videos que han sido flor de unos pocos días o semanas.


Muy al contrario, se trata de una generación de comunicadores visuales que ha conseguido profesionalizarse en muy poco tiempo, debido a su manera única de contar unos temas que dominan con liderazgo, de saber crear audiencia por medio de las redes sociales y, como consecuencia de todo lo anterior, ganar dinero a través de las reproducciones de sus vídeos.


Para los que piensen que se trata de “un pasar” económico, en Estados Unidos (donde como no podía ser de otra manera surgió este fenómeno) un youtuber pueden ingresar al día entre 90 y 1.000 dólares, dependiendo de las reproducciones que contabilicen a lo largo de la jornada, según datos de la revista Personal Computer www.personalcomputer.es, que también indica que algunos de ellos pueden superar el millón de dólares anual. El año pasado, la cifra de partners, como también se les llama a los que disponen de un contrato de colaboración para cobrar por sus vídeos de Youtube subió un 150%, basado en datos de la propia red social.


Algunos de los jóvenes que destacan en nuestro país en este mundo son Rubén Doblas (@rubiu5) que tiene más de 5.300.000 fans y sus vídeos cuentan con más de 500 millones de reproducciones, Isabel Llano (@isasaweis) que creó su propio videoblog de belleza y cocina en 2009, o Guillermo Díaz (Willyrex) que tiene ya casi 3 millones de suscriptores y sus análisis de juegos cuentan con cerca de 500 millones de reproducciones. En este enlace se puede encontrar un listado de los más importantes de nuestro país http://goo.gl/0xP6gd, cuyos ingresos, difíciles de cuantificar por la privacidad de los mismos, pueden oscilar entre los 400 y 1.000 euros mensuales, llegando en algunas ocasiones hasta los 6.000 euros.





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