miércoles, 30 de abril de 2014

Que pase el siguiente: las tiendas de libros. El ebook se impodrá en pocos años





Sí, he puesto bien, tiendas de libros, que van a morir, y no así las librerías, que alguna se salvará. Parece lo mismo pero no lo es. Día de San Jorge, patrón de Aragón. Paseo Independencia de Zaragoza, Feria del Libro, miles de personas que abarrotaban la avenida y un servidor, que se dedicó a observar y a confirmar lo que piensa desde hace unos años. El sector del libro tradicional, las librerías de toda la vida, están dando los últimos estertores, se morirán en pocos años, lo que no quiere decir que lo haga la industria editorial, que son cosas diferentes.

Vamos por partes. Durante casi dos horas me dediqué a observar el comportamiento de la masa, rarezas que tiene uno, y puedo asegurar que ver, tocar y preguntar por los libros se hizo mucho. Comprar ya fue otra cosa a juzgar por las bolsas y rosas que llevaba la gente. Es cierto que había colas delante de escritores aragoneses, en especial de José Luis Corral, pero me da que no fue suficiente.



Errores que demuestran que las librerías han perdido el rumbo y están como un boxeador a punto de caer noqueado: los libreros ofrecían una oferta similar en muchos puestos, repitiendo un gran porcentaje de títulos en todos los stands, muchos de ellos no aceptaban tarjetas de crédito (al menos en diez puestos me dijeron a mí que no), y los descuentos para incentivar la compra eran ridículos. Un 10% es poco en un día tan señalado, teniendo en cuenta además que era el mismo que las editoriales de venta por internet ofrecían y además te ponían gratis el libro en casa. Y si este libro lo comprabas en soporte digital había títulos, descuento incluido, que pasaban de unos 20 euros en Independencia a 9 euros en un ebook. Creo que se comenta solo.

Al día siguiente, los responsables de la feria lanzaron datos muy optimistas sobre las ventas del día 23, eso sí, sin concretar cifras. Sinceramente yo no me las creo, forman parte de una estrategia de marketing para hacer ver que el sector aguanta el tirón digital y los nuevos hábitos de consumo. Por cierto, que en estos datos no tienen inconveniente en sumar a los enemigos para otras cuestiones como La Casa del Libro, FNAC o El Corte Inglés.

Por lo que he podido leer y contrastar, en otras ciudades el ambiente de Zaragoza no fue muy diferente al de Teruel, Huesca, Calatayud, Soria o Pamplona. Es la convivencia entre un modelo caduco y la nueva economía digital, en la cual los tenderos que vendan libros de forma tradicional y no se adapten morirán y cerraran sus tiendas. ¿Triste? Sí. Pero también lo es el cierre de periódicos y el despido de trabajadores en este sector y no he visto tantos lamentos por esta industria que también es cultural, defensora de las libertades y pilar de la democracia.

Sobrevivirán aquellas librerías que sean especializadas en un tema, que entiendan que la venta se realiza también por internet, además del espacio físico que será testimonial, y que ya no venden libros, sino un servicio de asesoramiento a sus clientes. ¿Cuál? Ser especialista en cómics, libros de la guerra civil, naturaleza, arte, de Aragón o de cualquier otra temática. Probablemente con uso de tarifas planas y apoyados en soportes digitales, con precios más bajos que los actuales, al igual que ha sucedido con el resto que los sectores. Tal vez incorporen publicidad digital, ya que está buscando nuevos soportes eficaces donde insertarse.

¿Qué pasará con el resto? Pues que cuando el sector esté más maduro las grandes editoriales, la industria que nunca pierde, hará alianzas con proveedores de tecnología para que éstos faciliten tabletas a bajo coste y con operadoras de telefonía para que, conectados a internet y consumiendo tarifa de datos, todos tengamos una tablet y libros gratis para empezar a leer. Probablemente se sume a la oferta editoriales de libros y revistas, y todo ello en tarifa plana, por supuesto.

¿No se lo cree? Piense como se introdujo la telefonía en España, a base de regalar teléfonos móviles. Así que solamente falta saber en qué Navidad pasará esto. Pronto, se lo digo yo.

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