miércoles, 14 de octubre de 2015

Una tienda al filo de la red

ILUSTRACIÓN: MARTA BALLESTER

Cada vez es más frecuente que los pequeños comercios, pymes e industrias se planteen dar el salto al comercio digital. La crisis que ha cercenado las tiendas de proximidad, la búsqueda de nuevos mercados y la combinación de ambos mundos: el tradicional y el digital, suelen ser los motivos de iniciar un ecommerce. En principio no parece muy complicado, así que vamos allá.

Comencemos por comprar nuestro dominio en internet adquiriéndolo en una empresa que nos dé garantías, por ejemplo www.arsys.es, pensar cuáles compro (el punto com y el punto es son imprescindibles) y cruzar los dedos para que el nombre que yo ya poseo o quiero esté libre. De lo contrario, la cuestión se complica y habrá que buscar nombres parecidos al nuestro, pero que al no ser nuestra marca no nos van a ayudar en nuestra labor comercial.

En esta cuestión, es recomendable, se vaya a abrir un comercio online o no, comprar su dominio en internet y pagarlo. Su coste es muy bajo, unos 10 euros al año, en comparación con el valor de nuestra marca. De la misma manera, no deje en manos de terceros esta compra, hágala y páguela usted mismo, de lo contrario no será el dueño, sino quien la haya pagado.


Siguiente paso fundamental: el tipo de plataforma que necesito para mi web. Las hay desde soportes basados en plantillas donde uno mismo puede gestionar una web o tienda muy sencilla, www.prestabox.com, hasta las que se inician desde cero por medio de programación y su coste es muy elevado. Lo más normal es usar un término medio partiendo de modelos como www.prestashop.com o www.magento.com, donde se combinan “plantillas” y programación para confeccionar las tiendas. En este caso es necesario el trabajo de un profesional que configure el ecommerce a sus necesidades. Este mismo profesional le aconsejará donde alojar su web para que funcione, o en términos técnicos, el hosting.

Lo importante para usted es pensar en qué tienda quiere y cómo la quiere. Su trabajo es más de pensar con papel y lápiz: Diseño gráfico de la web e identidad corporativa. Catálogo de productos, categorías, sub categorías y qué contenido tendrá la tienda. Tipo de fotos, cuántas y de qué calidad (hay que tener en cuenta que más que nunca se compra con los ojos, por lo que las fotos son fundamentales). Confección de todos los textos, política de precios. Si tengo una tienda física y una online, cómo voy a gestionar el stock de productos. Plan de negocio, financiero, etc.

Y a partir de aquí lo que usted se quiera complicar la vida: descuentos, ventas cruzadas, ofertas, 2x1, etc. Una tienda online puede tener tantas referencias o más que una física, por lo que se enfrenta a una base de datos ingente por llenar, que previamente habrá tenido que tener clara para que el diseñador de la web se la haya podido confeccionar de manera que funcione.

Entre tanto, habrá tenido que buscar el mejor precio entre las empresas de transporte para enviar sus pedidos, contratar con Correos ya que muchos clientes piden que sus envíos se hagan por esta compañía, visitado varios bancos para ver cuál le ofrece mejor solución de pasarela de pago para poder cobrar en su web, además de contratar PayPal, otro servicio de pago seguro que muchos compradores de internet usan.

Además, cumplir con las leyes de Protección de Datos, de Servicios de la Sociedad de la Información y del Comercio Electrónico, del Comercio Minorista y, según cada sector, la que le afecte en concreto.

Llegados a este punto, la tienda ya funciona y puede hasta que venda una o dos cosas, porque todavía queda mucho por hacer. Campaña de publicidad. No podemos arrancar una tienda sin invertir en este concepto, así que habrá que hacer una campaña en Google Adwords (los anuncios que salen en el buscador a la derecha y en la parte superior), además de otras acciones.

Invertir en posicionamiento SEO, es decir, que nuestra tienda aparezca lo mejor posicionada en Google en el menor tiempo posible. Una campaña de social media marketing, para estar presente en las redes sociales, además de llevar al día los pedidos, que no haya roturas de stock, mantener la tienda con nuevos productos o analizar las estadísticas que nos da Google Analytics para seguir mejorando. ¿Abrimos una tienda en la red o nos pensamos?

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