martes, 19 de noviembre de 2013

“Tus artículos me ponen nervioso”



Un amigo, de esos que como decía el poeta C. Bukowski “si quieres saber quiénes son tus amigos de verdad, consigue que te metan en la cárcel.”, me lanzó esta frase el otro día sobre los artículos que escribo todas las semanas en Diario de Teruel. “Tus artículos me ponen nervioso”. “Cada vez que te leo el mundo analógico parece que se va a terminar”, “o en quince años no va a quedar nada” son algunas de las cosas que me comentó entre cervezas.

Su percepción es verdad, todo va muy rápido, y cuando escribimos sobre nuevas tecnologías y hacemos predicciones sobre el futuro, que en este campo no son más de seis meses o un año como mucho, podemos confundir a la gente, “asustarla” o desinformarla (espero que no sea así en mi caso). Pero la realidad es la que es, y un año digital equivale a diez analógicos, por lo que hace seis años, por ejemplo, las redes sociales casi no tenían repercusión en España, el mensaje de texto era el rey, ¿se acuerdan de él?, los smartphone no habían llegado a las tiendas, ni las tabletas, ni el whatsapp, ni la nube, ni, ni, ni, y así me puedo pasar el artículo.

Pero para calmar a mi amigo, que aunque no se considera un @lincedigital sí que sabe más de lo él cree, usa todas esta herramientas sin problemas, es decir, se ha adaptado al cambio sin problemas. Y continuará haciéndolo ya que no es una persona cerrada a las nuevas tecnologías, al contrario, está abierto al cambio tecnológico. Lo que le sucede es como a muchas personas de una franja entre 40-55, y dependiendo de los puestos de trabajos, que han tenido que hacer el cambio de forma brusca, sin tiempo, deprisa y corriendo. Considero que molesta más esta forma de transición, que el cambio mismo a mejor.

La persona que no quiere cambiar ni aprender de tecnologías de la información y la comunicación, le sobran escusas para no hacerlo, aunque hoy en día se puede encontrar con el despido por incompetencia, a lo que tendrá que sumar que ninguna empresa lo va a contratar por estar en el pelotón de los torpes digitales, en la parte de la brecha de los analfabetos en las nuevas tecnologías.

Pero volvamos a mi amigo. Tal vez le falte perspectiva, pero trabaja en un sector que en 30 años ha pasado de sistemas productivos del siglo XIX a los del siglo XXI, un cambio que pocos sectores han vivido de esta forma, y tanto él como otros compañeros se han adaptado, ¡y de qué manera! a un cambio disruptivo total. Han pasado de ir en un Titanic de plomo a un crucero informatizado, de una ambientación sepia a otra con colorido. A mí esto me enseña que si eres una persona normal, que tiene estima por su trabajo, el cambio es fácil, salvo que tú mismo te pongas barreras mentales del tipo: “es que a mis años”, “esto no se yo para que tocarlo”, “a mí no me tocará ya” “los ordenadores siempre fallan”, etc.

Por lo que respecta en el plano personal, la adaptación vendrá de la mano de sus hijos, que sabrán más que mi amigo y los de su generación, y lo llevarán de la mano en ordenadores, consolas, tabletas y móviles. Aquí será muy importante, para él y para todos, tomar una actitud activa, es decir, aprender de los hijos, ya que nos encontramos por primera vez ante una generación que sabe más de un tema (tecnología, redes sociales, móviles, consolas, etc.) que las anteriores

Y de también de forma recíproca, solo aprendiendo y divirtiéndose, podrá entender lo que hacen, educarlos, poner límites y, si fuera necesario, tomar medidas más drásticas. Espero que este artículo no haya puesto nervioso a mi amigo