martes, 15 de noviembre de 2011

David Kirkpatrick, experto en Facebook, explica las ventajas de esta red

David Kirkpatrick ha tenido éxito donde otros han fracasado: ganándose la confianza del esquivo creador de Facebook, Mark Zuckerberg. Mientras te escudriña atentamente con su mirada aguda enmarcada en unas intelectuales gafas de pasta, recuerda como fue uno de los primeros periodistas de peso en el mundillo tecnológico que prestó atención al joven visionario de las redes sociales y concedió a su creación la importancia que luego ha demostrado tener. En su libro El efecto Facebook, reconstruye con gran precisión el nacimiento del primer imperio 2.0.

¿Cuál diría que es la cualidad fundamental para crear una compañía de internet exitosa?
Mark Zuckerberg era un genio de la programación desde los 13 años. Para el desarrollo de Facebook fue importante que arrancara entre programadores, porque al fi nal toda la esencia del proyecto se reduce al software. Es más, creo que estos últimos son los revolucionarios de la sociedad actual: además de Zuckerberg, tenemos el caso claro de Julian Assange, el fundador de Wikileaks, que también es un genio de la programación. Y este protagonismo revolucionario lo tendrán aún más los jóvenes que se dediquen a esto y los hackers de las siguientes generaciones. Cualquiera de ellos que quiera tener impacto en el futuro debería estudiar informática. Los que no lo hagan estarán en desventaja. Se lo digo yo, que tengo una licenciatura en Inglés –sonríe–. Ojalá supiera programar.

Algunos de esos jóvenes han hecho de Facebook una herramienta revolucionaria. ¿Por qué está siendo tan efectiva para el activismo político?
Porque otorga poder a los ciudadanos corrientes y su función principal es dar voz a las personas. En Facebook pueden retransmitir sus ideas y compartirlas con sus amigos gracias a su capacidad viral. Ofrecer a la gente una plataforma emisora en países como Túnez o Egipto, que son dictaduras, es algo incendiario.

¿Es entonces el antídoto contra las dictaduras?
Facebook es intrínsecamente democratizadora. Otras aplicaciones de internet, como Twitter y los teléfonos móviles, también han sido muy importantes, pero quizás esta red social es la apoteosis del empoderamiento del ciudadano frente a los que mandan. No diría que esto estuviera planeado por Zuckerberg, aunque él sí creía que podía pasar. La gente no se apunta a Facebook por política, sino para estar en contacto con sus amigos, pero enseguida se dan cuenta de que es una herramienta de comunicación muy efectiva y acaban convirtiéndose en activistas involuntarios. Inicio mi libro explicando cómo ya a principios de 2008 la gran manifestación en Colombia contra las FARC surgió de un grupo de esta red social.

Sé que a usted no le gusta la película La red social, inspirada en los inicios de Facebook.
Sí que me gusta, es muy entretenida, pero creo simplemente que no se debería tratar como una historia real, porque no se ajusta a la realidad. Ni una sola de las personas que participaron en la película ha conocido a Mark. Y le puedo decir que la gente que sí le conoce consideró la película muy frustrante, y hubo quien se enfadó mucho. Tanto el fi lm como la novela de Ben Mezrich en que está basado –Multimillonarios por accidente– sobreestiman en gran medida la aportación de Eduardo Saverin –el amigo de estudios de Zuckerberg que cofundó la empresa con él y le prestó dinero–. Saverin es el verdadero millonario accidental de esta historia: con un trabajo de cinco meses a tiempo parcial ha conseguido –según la valoración actual de Facebook– casi 3.000 millones de dólares.

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